Nunca sabré explicar como tras días de caminada por el Mato Grosso llegué a la aldea, ya en la Selva Amazónica. Espero saber contar la historia de amor que conocí allí.
En el día de mi llegada, ya introducido al trabajo, noté a una joven india que caminaba amarrada a un rubio europeo por unos bejucos. Adonde iba uno, tendría que ir el otro. Intrigado, le pregunté al jefe de la tribu qué era lo de la pareja. Me dijo que por vez única me sería permitido hablar con los cortejos.
El otro día el jefe me llevó a la casa baja. La pareja nos aguardaba en postura cabizbaja. El jefe me dijo:
– Ellos están en el infierno, que es aquí mismo. Por eso nadie les habla, a excepción de mí que soy hechicero. Padecen el castigo de los lujuriosos. La muchacha era la prometida de nuestro más bravo guerrero, quien se suicidó tras el deshonor. Los bejucos son mágicos. Se renuevan a cada día y sólo dejarán de envolver sus miembros cuando se mueran. De nada les serviría huir de la aldea.
– ¿Me permite? – le dije. El jefe me dejó sólo con la pareja.
– Señor, gracias por interesarse por nuestra historia y por nos hablar – dijo la chica, sin levantar mucho la cabeza.
– Yo soy el que agradezco – le dije, pidiéndole que me contara lo qué les pasó.
– Ahorita le cuento – me dijo, intentando disimular su alegría. – Juan es español, enseñó su idioma a mí y al jefe. Lo habíamos capturado en una lucha contra unos blancos invasores. Yo fui encargada de cebarlo hasta que llegara el día de comerlo. Él me enseñó a leer en un libro que trajo con él. Una edición bilingüe de una novela.
– ¿Y estaban enamorados?
– No, señor. Hasta que una tarde, cuando leímos los versos que condenan a un noble caballero y a la dama a quien debía proteger, no resistimos y nos besamos por vez primera.
Emocionado, me olvidé preguntar el título de la novela que leían. Hoy día, leyendo el episodio de Paolo y Francesca en el canto quinto del Infierno llegué a sospechar que su libro de la vida de la pareja condenada en la selva seria La Divina Comedia de Dante. Ahorita mismo me asombra la semejanza de los episodios, pero ¿comprobar? Ni modo.
No sé como logré perderme de ellos tras cruzar una cortina de humo en una tarde de quemada a los huertos.

5 comentários:
un cuento muy bonito, hace mucho que no encontraba escrito con tanta belleza. Un gran escritor, mucha sensibilidad. me dio ganas de releer Dante. felicitaciones.
un cuento muy bonito, hace mucho que no encontraba escrito con tanta belleza. Un gran escritor, mucha sensibilidad. me dio ganas de releer Dante. felicitaciones.
Mendes. SP. Br
Me gustó el cuento. Eres un gran escritor, continue escribiendo.
Vinicius
"– No, señor. Hasta que una tarde, cuando leímos los versos que condenan a un noble caballero y a la dama a quien debía proteger, no resistimos y nos besamos por vez primera".
Condenados! Condenados a no resstir la vida enamorada. No sé por que aún temos este miedo de alejarse y tememos tanto enamoramos que sólo después de condenados llegamos a entender que el amor es la mejor manera de ternermos alegría mismo condenados a no resistirmos el primero beso.
Estou encantada, que belo conto, adoro essas pequenas historias mas, que nos faz atravessar fronteiras para ver seu fim e torcendo "aflito" que fique "tudo bem" no final. Parabéns professor pela criatividade, esta excelente. Há e seu novo livro "Los signos embotellados", ???? Estou esperando ansiosa...Beijos*-*
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